Hombre lobo – Cuando el terror se queda a medio aullar
Leigh Whannell regresa con su visión del cine de monstruos, esta vez poniendo su sello en Hombre lobo, una reinterpretación moderna del clásico de la Universal. Pero a diferencia de El hombre invisible, donde logró combinar tensión, terror y comentario social de manera efectiva, aquí la historia pierde fuerza en un tono indeciso entre el drama psicológico y el horror corporal. La película tiene ambición, pero se ve atrapada en su propio simbolismo y en una narrativa que promete mucho más de lo que realmente entrega.
Un drama disfrazado de terror
La película sigue a Blake (Christopher Abbott), un hombre que, tras la desaparición de su padre, regresa con su esposa (Julia Garner) e hija a la casa donde creció. La premisa establece un misterio intrigante y la ambientación juega a favor de la tensión, con paisajes sombríos y una atmósfera opresiva. Sin embargo, en su intento por darle peso emocional a la historia, la película deja de lado lo que realmente vinimos a ver: el hombre lobo. En lugar de abrazar su esencia monstruosa, la película divaga demasiado en los conflictos internos de su protagonista, dejando el terror en un segundo plano.
Un monstruo sin garras
Cuando se trata de cine de licántropos, el espectáculo visual es clave. Aquí, sin embargo, las escenas de transformación y las secuencias de horror están tan dosificadas que, para cuando ocurren, el impacto se diluye. Hay momentos de gore efectivo, pero son escasos y nunca llegan a ser memorables. Whannell opta por una aproximación más elegante y contenida, pero esto juega en contra de una historia que debería haber sido más visceral. El terror se siente calculado, sin el instinto salvaje que este tipo de historias necesitan.
Interpretaciones destacadas, pero sin suficiente material
A nivel actoral, Christopher Abbott y Julia Garner cumplen con creces. Abbott logra transmitir la confusión y desesperación de su personaje, mientras que Garner aporta intensidad y presencia a sus escenas. Sin embargo, el guion no les da mucho con lo que trabajar. Sus personajes carecen de profundidad real y su evolución a lo largo del film se siente forzada en lugar de orgánica. Los diálogos, en lugar de desarrollar el conflicto, a veces parecen alargar el metraje sin justificación.
Visualmente cuidada, narrativamente frustrante
Donde Whannell demuestra su talento es en la puesta en escena. La fotografía es impresionante, con un uso excelente de la luz y la sombra para crear una atmósfera inquietante. La banda sonora también contribuye a generar tensión, aunque en ocasiones se siente más evocadora que efectiva. El problema es que todo este empaque no es suficiente para compensar una historia que no termina de encontrar su rumbo. La película plantea preguntas y juega con el subtexto, pero nunca llega a explorar nada de forma realmente impactante.
Nota final: Un aullido que se ahoga en su propio eco
Hombre lobo intenta reinventar el mito con un enfoque más psicológico y minimalista, pero en el proceso pierde gran parte del horror y la emoción que debería tener. No es un desastre total, pero sí una oportunidad desperdiciada. Con más valentía en su narrativa y menos contención en su ejecución, podría haber sido una experiencia mucho más memorable. En su estado actual, es una película correcta, pero lejos de ser la obra impactante que muchos esperaban.