La mitad de Ana

La mitad de Ana – Identidad, maternidad y cambios

La mitad de Ana es un drama intimista que navega por la complejidad de la identidad y la maternidad. La ópera prima de Marta Nieto, quien además protagoniza la película, aborda con sensibilidad el viaje de una madre que, en su intento por entender a su hija, termina reencontrándose consigo misma. Con una puesta en escena contenida y un ritmo pausado, la película apuesta por la observación más que por el dramatismo.

Una historia sobre el cambio y la aceptación

Ana es vigilante de sala en un museo y madre de Son, una niña de ocho años que comienza a explorar su identidad de género. La rutina de Ana cambia cuando su hija expresa su necesidad de ser reconocida de una manera diferente, lo que la obliga a revisar su propia historia y su concepto de maternidad.

Un relato que evoluciona con sus personajes

La película se desarrolla con una sutileza que puede parecer demasiado contenida en algunos momentos, pero su crecimiento emocional es palpable. Ana no solo acompaña a su hija en su exploración, sino que también se enfrenta a la imagen que tiene de sí misma como madre y como mujer.

Marta Nieto: actriz y directora

Marta Nieto asume el doble reto de dirigir y protagonizar la película, y lo hace con solvencia. Su interpretación de Ana es introspectiva y llena de matices, mostrando a una madre atrapada entre el amor incondicional y la incertidumbre.

Una actuación contenida y honesta

Nieto evita el exceso de dramatismo y opta por una interpretación naturalista, lo que hace que su personaje se sienta real y cercano. Sin embargo, la falta de química con Noa Álvarez, quien interpreta a Son, puede restarle fuerza a la relación madre-hija en algunos momentos clave.

Un guion que apuesta por la sutileza

El guion de Marta Nieto y Beatriz Herzog busca el realismo, pero a veces se pierde en su propio minimalismo. Algunas escenas parecen quedarse a medias, sin terminar de desarrollar el conflicto, lo que puede dar la sensación de que la historia avanza de forma dispersa.

Más preguntas que respuestas

La película no pretende dar respuestas cerradas sobre la identidad de género ni sobre la maternidad, sino invitar a la reflexión. Para algunos espectadores, esta aproximación será enriquecedora; para otros, la falta de definición puede hacer que la historia se perciba como fría o distante.

Dirección y estilo visual

Julián Elizalde firma una fotografía que refuerza la intimidad del relato con planos cerrados y una paleta de colores suaves. La dirección de Marta Nieto es sobria y sin artificios, con un uso inteligente del espacio para reflejar el aislamiento emocional de Ana.

Un estilo pausado y contemplativo

La puesta en escena es casi minimalista, con una cámara que observa sin intervenir. Esta elección potencia el realismo, pero también puede hacer que la película parezca demasiado estática en algunos tramos.

Un final abierto a la interpretación

Sin grandes giros ni momentos catárticos, el desenlace de La mitad de Ana sigue la línea de sutileza del resto del film. La historia no cierra todas sus tramas, dejando espacio para que el espectador complete el viaje de los personajes con su propia perspectiva.

Una conclusión coherente con su tono

El final puede resultar insatisfactorio para quienes busquen un cierre más definido, pero es consecuente con la forma en que la película ha construido su discurso: una historia de cambio que no tiene respuestas absolutas.

Nota final: Un drama sensible, pero irregular

La mitad de Ana es una película que brilla en su retrato de la maternidad y la identidad, pero que a veces se pierde en su propia contención. Marta Nieto demuestra talento tanto delante como detrás de la cámara, aunque el resultado final puede sentirse desigual. Es un film que exige paciencia y que será más apreciado por aquellos que disfruten del cine introspectivo y sin respuestas fáciles.

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