The Brutalist

The Brutalist – Un monumento cinematográfico a la ambición y el exilio

Con «The Brutalist», Brady Corbet nos entrega una obra que no teme a la grandiosidad. Un relato épico sobre la migración, el arte y el precio del éxito, ambientado en la América de la posguerra. Adrien Brody ofrece una de las interpretaciones más intensas de su carrera en esta historia sobre László Toth, un arquitecto húngaro que busca reconstruir su vida en un mundo que no siempre está preparado para aceptar su visión.

Una dirección ambiciosa para una historia monumental

Desde su primera escena, «The Brutalist» deja claro que no es una película convencional. Corbet emplea una estética sobria y meticulosa que recuerda a los grandes cineastas del pasado, combinando el realismo con una puesta en escena casi operística. El film tiene la elegancia de un Paul Thomas Anderson y la carga simbólica de un Andrei Tarkovsky, construyendo un universo visual en el que cada encuadre parece haber sido diseñado como una pieza de arquitectura.

El uso del formato panorámico y la cuidada dirección de fotografía refuerzan la sensación de grandeza y aislamiento que envuelve al protagonista. No es solo una película sobre arquitectura, sino sobre el choque entre el idealismo y la realidad, entre la ambición y el sacrificio.

Adrien Brody, en un papel a la altura de su talento

Brody se mete de lleno en la piel de László Toth, un hombre marcado por la guerra y la pérdida, que lucha por dejar su huella en un país que no siempre lo comprende. Su interpretación es contenida pero desgarradora, cargada de matices que revelan tanto su fuerza como su vulnerabilidad. Junto a él, Felicity Jones y Guy Pearce completan un reparto sólido que aporta aún más profundidad al drama.

Una historia que trasciende lo personal

Aunque «The Brutalist» es la historia de un hombre, también es un retrato de una época. Corbet utiliza el viaje de László para explorar el precio del éxito, la alienación del inmigrante y la lucha entre la creatividad y la comercialización. A lo largo de su extensa duración, la película plantea preguntas profundas sobre el arte, el poder y el sacrificio personal.

Sin embargo, esta ambición también puede jugar en su contra. Hay momentos en los que la película se adentra tanto en su propio simbolismo que corre el riesgo de desconectar emocionalmente con el espectador. Es un film exigente, que requiere paciencia y atención, pero que recompensa con secuencias de una potencia visual y narrativa inigualables.

Conclusión: Un cine desafiante y magistral

«The Brutalist» es una película que no deja indiferente. Con una dirección impecable, interpretaciones brillantes y una historia que combina la épica con lo íntimo, Corbet demuestra que es un cineasta dispuesto a desafiar las convenciones y a apostar por un cine de gran escala y profundidad.

Nota final: Una obra maestra de la ambición y la identidad

Puede que su ritmo pausado y su tono solemne no sean para todos, pero aquellos que se dejen llevar por su propuesta encontrarán en «The Brutalist» una de las películas más impactantes del año. Una historia que, como los edificios de su protagonista, está destinada a perdurar.

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